Raramente se suele presentar en período de recién nacido como hidrops fetalis, y lo más frecuente es que se aprecie en este período sólo una ictericia que puede ser bastante prolongada hasta una duración de 1 – 2 meses.
La forma clásica es la de inicio en los tres primeros meses de vida cuando se puede apreciar un aumento de tamaño del hígado y algo menor del bazo durante un control de salud o al realizar una ecografía por otra causa.
Coincidiendo con ello se inicia un fallo de medro con dificultades en la alimentación y a veces vómitos y diarreas.
Poco a poco se va presentando el síndrome regresivo característico que se inicia con la indiferencia por el entorno, con menor viveza en la mirada, pérdida de la sonrisa afectiva así como del sostén cefálico con fallo en la adquisición de los ítems madurativos correspondientes a esta edad.
Poco a poco se va apreciando una hipotonía de predominio axial, escasa motilidad global y falta de respuesta a estímulos. Se puede apreciar nistagmo pendular y poco a poco se va instaurando un cuadro de afectación cerebelosa y posteriormente espasticidad con hipertonía distal de miembros y a veces clonus aquíleo. Finalmente vienen la evolución a la rigidez y tendencia a la hiperextensión del tronco con posteriores trastornos de la deglución y retención de secreciones bronquiales y otros problemas respiratorios que son la causa de su final que suele llegar a los 2 – 3 años de vida.
Se pueden presentar convulsiones, aunque no siempre y cuando aparecen son tardías y poco características de la enfermedad. Los electroencefalogramas suelen ser normales o algo lentos.
En el examen oftalmológico puede apreciarse palidez papilar o atrofia óptica y en muchos casos se puede ver la característica mancha rojo cereza.